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MASKANA YACHAY

10 Nov, 2006

En busca del Sahara olvidado

Miscelanea — Escrito por hernan @ 18:45

Sahara
La travesía empezaba un 22 de marzo a las tres de la mañana que salía el autobus de Salamanca, con destino a Algeciras, punto sur en que tendría que tomar el ferry para cruzar el estrecho y anclar en Ceuta. Llegué a las dos de la tarde a Algeciras y el ferry salió a las tres de la tarde. Ceuta es una ciudad en el norte de Africa que pertenece políticamente al Reino de España. Cuando estás en popa y ves al continente europeo desaperecer y al rato divisas tierra nuevamente, sabiendo que ésta pertenece a Africa, es que te das cuenta de dónde estas.
Llegué a Ceuta y me di cuenta de lo importante que hubiera sido llevar una guía de viaje, ya que cuando salí del puerto, no tenía la más minima idea de que hacer, así que opté por sentarme en una banca, fumar un cigarro, pensar que hacer y de paso darle un descanso a mi espalda, ya que la mochila resultó pesar más de lo que tenía planeado. Decidí empezar a caminar guiado por el instinto y preguntar en el camino, así caminé un buen rato hasta que no pude más. Decidí quedarme una noche allí, porque además del cansancio estaba con catarro, como odié ese impertinente catarro. Despues de horas de buscar alojamiento y atiborrado de antibioticos, y no encontrar nada, decidí seguir adelante con la ruta y paré un taxi para que me llevara a la frontera. Hay que cruzarla caminando, ya no se permité hacerlo en taxi. Fue mi primera sensación de nervios e inseguridad. Cruzar la frontera de territorio español al marroquí, es toda una aventura, como comprenderan, los controles, el gentío, el desorden, una locura. Estuve horas en una ventanilla junto a muchos otros viajeros esperando por el sello de ingreso. Cuando lo obtuve me cayó la noche. Algo que prefería evitar, pero no pude. Así, abroche fuerte mi mochila y empeze a caminar. Al salir de aduanas, encuentras cientos de taxis para llevarte. Cuando me disponía a preguntar por uno, una chica con su mochila se me acerca y me pregunta: Donde vas?; respondo, a Tetouán, y ella me cuenta que con sus amigos piensan ir a Chefxouan y como yo no tenía nada preparado, les dije que sí, y partimos en taxi compartido, un brasilero, 5 catalanas, un catalán y yo. La primera ciudad fue Chefxoaun, un pequeño pueblo del norte, muy típico, que exagera en cuanto a comodidad para el turista y comercios. Pero estuvo bien para empezar. Despues de dos noches allí, el grupo que había conocido y yo partimos rumbo a Fes. Fes es una ciudad que tiene mayor población y moviemiento. Tiene ya vida propia. Los Soukos (mercadillos), son preciosos, la cantidad de colores y olores que te abrazan es increible, todo es tan distinto, la ropa, las mujeres totalmente tapadas en mayoría con los burkas. Te desconcertaba ver a algunas que solo lucían el color de sus ojos y a otras con ropa muy occidental. Supongo yo que todo depende de la voluntad del marido o los padres, según sea el caso. Escuchar árabe, berber o tuareg y muy de vez en cuando algún idioma sajón o latino. Cuando llegamos, buscamos alojamiento y por ser Semana Santa la cosa era dura, así que se me acerca un hombre y me dice: mira compañero, no tenemos habitaciones para esta noche, pero puedo ofrecerles la terraza, y tras consultarlo con la comitiva y estar todos de acuerdo, aceptamos. Acomodamos los sacos de dormir en el techo del hotel y por 2.50 euros pasamos la noche ahí. Una noche muy cálida, un cielo claro y estrellado y de vez en cuando, sorprendidos por las llamadas del las mezquitas mediante altavoces. Un estruendo ensordecedor para el visitante al que cuesta acostumbrarse. La zona turística es dentro de La Medina de Fes el Bali. Es un casco antiguo amurallado que cubría lo que era la ciudad antigua. Por fuera de la Medina, colinas, carreteras y urbanizaciones semi-nuevas. La sensación inequívoca que te deja el pasear por esas calles estrechas, llenas de comercios, gente por todos lados, burros y caballos que se te cruzan sin avisar, con más que el choque de cascos, y ver todo ese mundo de productos agrícolas sobre mantas en el suelo y derivados, te das cuenta que has hecho un viaje en el tiempo y estás sin duda en la Edad Media. Estaba en la Edad Media por completo. Desde un punto de vista turístico y superficial es maravilloso, pero en realidad es tremendo ver las condiciones en las que vive gente, en pleno S.XXI.
En Fes me separaba del grupo de catalanes que partía hacía Meknés. Yo deseaba ya llegar al desierto del Sahara. Cuando pregunto en la recepción por transporte, el hombre me cuenta que hay un grupo de chicos que van al mismo lugar y les faltaba uno para llenar el taxi. Otra vez, me convertía en el punto sobre la i. En Marruecos puedes transportarte en autobus o en taxis compartidos, que suelen ser una opción valida, barata aunque muy incomoda, porque lo normal es meter 6 personas más el taxista en el coche.
Partí de Fes a Rissani en el taxi con un inglés y su novia que iban en el asiento delantero. Atras, dos alemanes, un estadounidense y yo. Y al volante Abbi, nuestro gran conductor. Ir de Fes a Rissani supone cruzar la preciosa Cordillera del Atlas. El viaje fue durísimo, tras 10 u 11 horas llegamos a Rissani, no sin miles de paradas en la carretaera para estirar piernas y sacar fotos, claro. En Rissani nos esperaba un guía en una combi para llevarnos a Merzouga, un pueblo en medio del desierto. Otra vez la noche nos había ganado. Tras el obligatorio regateo en la negociación, compramos una expedición por el desierto. Nos presentaron a nuestros respectivos dromedarios y no camellos como me corriegieron ahí, y tras montar en esas bestias maravillosas, en fila india partimos en medio del desierto rumbo al campamento de nómades. La ruta duró algo más de una hora. El clima era perfecto, la sensación es inenarrable. El cielo muy estrellado, estrella fugaz incluida. Viendome sobre Alí Baba (mi fiel dromedario) cruzar el desierto bajo ese manto de estrellas, no podía mas que cerrar y abrir los ojos una y otra vez, y sorprenderme todas y cada una de las veces. Sientes que el corazón se te va a salir por la boca.
Acampamos y al ver la noche tan cálida, optamos por dormir a la intemperie alrededor de unas velas y todos en circulo contando historias. Cenamos Taigin (un cocido de verduras y pollo), y a la mañana siguiente, enrumbamos en busca de un oasis. Ya la ruta se hacía mas dura, porque una cosa es hacerlo por la noche y otra por el día, con todo el sol que te pega en la nuca y el viento que levanta la arena de las dunas. Pese a todo, nada arruinaria el viaje. Llegamos a este paraje vegetal, lleno de palmeras y árboles en medio de un mar de arena. Increible, mejor dicho incomprensible. Luego volvimos a Merzouga a tomar una buena ducha y comer algo.
De ahí nos esperaba un viaje terrorifico en bus hasta Marrakesh. Salimos a las 5 de la tarde y llegamos a Marrrakesh por la mañana, no recuerdo bien, serían como las siete u ocho de la mañana. Obviamente no pegué ojo en todo el viaje, y tras varios intentos de ataque claustrofóbico, sustos de carretera y conversaciones extrañas con todo tipo de gente llegué a la gran Marrakesh. Es una ciudad ubicada en el centro del pais, en la zona oeste del Atlas, por lo cual hubo que vovler a cruzarlos. Ahí la cosa es otra. El tráfico es tremendo, el desorden, la locura absoluta. En la plaza principal: Place Jemaa Fna, podías ver desde mujeres cuentacuentos, hasta encantadores de serpientes, pasando por los mejores vendedores de jugo de naranja. Definitivamente, fue el mejor zumo de naranja que he probado. Me dediqué a pasear por los Soukos que eran mucho más grandes y cautivadores que los de Fes. Deambular entre ellos, escuchando, viendo y oliendo todo lo que se te ofrecía, era una sensación absolutamente nueva y enriquecedora. En la noche tras tener la última conversación en la terraza de la pensión, mi tren salía hacía Tanger a las 9 de la noche. Tanger es la ciudad más al norte de Marruecos, desde donde salen los ferrys hacía España. Llegúe a las 7 de la mañana y como no quería gastar más, no tomé taxi y al salir de la estación, mire a mi alrededor y divisé a lo lejos el puerto y los ferrys, y emprendí la marcha. Atras iba dejando todo la magía y la belleza de ese pais Nor-africano tan golpeado. Cogí el ferry despues de pasar por cientos de inclemencias burocráticas para obtener el sello de salida y llegué a Cádiz el 31. Pasé una noche ahí. Tras nueve horas de bus llegaba a Salamanca, tremendamente agotado y desubicado, pero sobre todo, maravillado y feliz.

Copyright Los Derechos de Autor de la Imagen pertenecen a MASKANA YACHAY

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comentarios

  1. Hola deymar, gracias por tus palabras...sí soy yo en la foto, una experiencia inenarrable la verdad...

    Escrito por H — 16 Ene 2007, 16:57

  2. Sorprendente ................el solo leerlo me imaguinaba estar recorriendo esos lugares tan esplendidos y alucinantes, sabes nunca pense subirme imaguinariamente a un viaje tan emocionante... gracias........ por compartir tus experiencias,........gracias.
    ahhhhhhhhh....¿eres tú quien posa en la foto?

    Escrito por deymar — 16 Ene 2007, 16:17

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